– Electrónico: son los que permiten pasar de 230 a 12 V con una potencia máxima y mínima que oscila entre los 150 y 6 W (vatios) de consumo, dependiendo del transformador. Son los indicados para instalar iluminación halógena o LED en el hogar u oficina que no incorporen transformador de fábrica.

– Monofásico: son los capaces de pasar de 125 a 220 V. Los hay que soportan desde 100 hasta 1500 W de consumo. Su uso es principalmente doméstico en electrodomésticos, cargadores de baterías y aparatos electrónicos.

– Electromagnético: son los que pasan de 12 a 220 V con una potencia máxima de 50 W de consumo. Indicados para el uso de lámparas halógenas.

– Reactancia electromagnética: son los imprescindibles para el uso de iluminación fluorescente. Permiten conectar tubos fluorescentes de una potencia de 15 W y 230 V. Entre sus ventajas destacan su encendido rápido y silencioso, el ahorro energético, la posibilidad de tener una luz estable, sin parpadeos, por lo que se evita la fatiga visual, y que el tubo se calienta poco. Además, permite duplicar la vida útil de un fluorescente.

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